Una bella tarde, consecutiva a una armoniosa noche,
puede verse rápidamente afectada. Luego de la paz mental que me
rodeaba y el nerviosismo de cometer algún error, pero con
la simplicidad que me acompañaba, disfrute cada momento de aquel día.
Todo se tornaba muy bien, camine por las oscuras calles del centro, no me
esperaba ningún suceso mas que me cambiara el día, planeaba llegar a
mi hogar, pensar en lo vivido y soñar si era posible. Pero el ver la silueta de
aquel hombre parado, mirando desde sus ojos, aquel cielo negro inhóspito,
acompañado de aquel silencio poco frecuente, hizo que entrara en razón
nuevamente. Se escuchaban sus frases desgarradoras, esas palabras que con ese
tono de aquella persona que sufrió mucho en la vida, lo afectan a uno mismo haciéndolo entrar
en ese clima triste. Rogaba el señor, vestido con sus desdichadas ropas,
mirando al cielo, esperando alguna respuesta del que, según algunos creyentes,
se sitúa en lo alto. Yo lo contemplaba ahí parado,
el parecía no hacer caso de mi presencia, como si no existiera; como
si de una obra de teatro se tratara, me apresure a tomar un cigarro de mis
bolsillos, tratando de concentrarme en aquel señor, luchaba por encontrar en
aquel enmarañado lugar, mi encendedor. Lo prendí.
Se hacia tarde, yo continuaba ahí, observando, como si de mi presa se tratara, viéndolo consumirse lentamente. El señor gritaba a lo alto todas sus desdichas, se sentía culpable el mismo de todas sus malas fortunas, no sabia como hacer para cambiar, y sabia que no podía hacerlo, pero el era valiente, se veía en sus ojos su alma de luchador, no se iba a rendir, el suicidio es de cobardes, siempre lo dije, y el no iba a escapar de sus miedos, iba a enfrentarlos. El problema siempre fue el donde empezar para continuar, cosa que nunca pude saber, mi vida se basa en ocurrencias que saco provecho, no emprendo proyectos, soy una persona vaga, carente de astucia para las cosas.
Me encontraba ante una situación quizás muy común para mi, la gente no espera a su muerte, aquel que dice ello esta mintiendo, siendo deshonesto con la vida que le toco, la gente realmente espera algo que le de viveza y esperanzas para continuar en lo que le queda de trayecto. El trayecto puede ser largo, pero jamas fácil de construir, nunca me entendieron cuando les explicaba a mis amigos y familiares sobre esto, ni mi propio hija. Esta persona en cambio, gritaba, esperaba alguna respuesta, la cual nunca iba a llegar. Las respuestas no llegan, debes ir por ellas, a mi nunca me llegaron, y viví toda una vida acumulándolas, y respondiendomelas para mi mismo en el tiempo infinito que hoy me toca vivir al ser expectante de sucesos como este.
Hoy era el día de responder una nueva pregunta, ¿valía la pena seguir luchando cuando no se tiene a nada, ni a nadie?, ¿por qué esta persona seguía en pie?, ¿piensa que va a cambiar en algo su vida de mortal?. Me reí. Lógico el no me ve porque yo ya estoy muerto, y su vida es mi recado, lo arruino todo diría cualquiera, lo cierto es no importa la situación en la que te encuentras al morir, todos morimos vacíos por dentro, somos un conjunto de emociones que recolectamos de otros, y los otros de otros más y así consecutivamente. Morimos desconfiando si en verdad alguien nos quiso, o si a alguien le importamos. Al humano solo le importa su bienestar, nunca le importo el otro, hasta el más honesto hombre que ha ayudado a mas de una persona, sabe que haciendo esto incrementa algo de sí, por derrota del otro.
El hombre yacía en silencio, de sus ojos se acumulaban mares de lagrimas, cargadas de angustia, hasta caer en el frío suelo, su respiración era rápida, estaba agitado, pude notarlo al ver desaparecer y aparecer de sus labios el ártico vapor helado. El cielo comenzaba a nublarse aún más, y la noche no era muy bella como para ayudar a aquel en busca de respuestas. La única luz provenía de la blanca y luminosa luna, allá arriba estaba, observándonos, ella nos juzgaba tan simple como parece. Los primeros truenos comenzaban a oírse, cada uno de ellos aniquilaba el alma de este humano, que se encontraba de rodillas al asfalto; del otro lado de la calle, sobre la otra vereda se distinguía una figura, era una niña, pequeña y frágil. La lluvia comenzaba a caer.
Los ojos de la pequeña estaban cerrados, no miraban al pobre hombre, solo se encontraba parada ahí. Me rió de pensar que los mortales no pueden ver estos fantasmas, no se dan cuenta que son el peor o el mejor error que cometieron en su vida, parte de la razón por la que uno se encuentra de una determinada manera, las malas vibras existen enserio, se acumulan, se atan a uno con imperceptibles hilos que conectan un alma con su fantasma. La niña murmuraba en voz baja palabras inentendibles, lo cierto es, nadie nunca las entendería el rencor de los espectros es tan profundo que nunca serán posibles de ser analizados.
El hombre se paro, yo observe con atención., ¿qué haría ahora?, de pronto, retiro un arma de su parte trasera y se apunto directo a su cabeza. Me sobresalte, ¿iba realmente suicidarse? tantas oportunidades nos da la vida y ni siquiera nos esforzamos en comprender o predecir acciones, ¿tan poco nos queremos? Evidentemente... sí.
Se disparó, no me preocupe, a nadie le importaría, quizás el ruido del disparo despierte alguna persona, pero nadie quiere enrroscarse en embrollos que no son de su importancia. Alli yacía lo que fue, el hombre en su máxima desesperación, sin salida alternativa. Siempre aliento a que son valientes y fuertes, que no optaran por el camino fácil, pero lo cierto es que apenas poseen la posibilidad de hacerlo, lo hacen. Siempre tienen miedo, pero el que realmente sufre y marchita sus pétalos, es aquel lo suficientemente valiente de arrebatarse la vida al menos. Lo se porque viví en carne propia algo similar.
Seguí mi camino, estoy atado a presenciar mi mismo error, el cual no pude solucionar, una y otra vez. Minuto tras minuto, gente muere como yo, y yo ya tuve mi oportunidad. Las oportunidades son únicas, la vida una, y el sufrimiento eterno. Soy ni mas ni menos, otro peregrino de desesperación.
¡Ángeles yo ya no puedo partir! me ata un fuego y mi sueño duerme aquí, en la nada.
Por un cambio que nos haga grandes, que nos lleve a lo eterno.
Se hacia tarde, yo continuaba ahí, observando, como si de mi presa se tratara, viéndolo consumirse lentamente. El señor gritaba a lo alto todas sus desdichas, se sentía culpable el mismo de todas sus malas fortunas, no sabia como hacer para cambiar, y sabia que no podía hacerlo, pero el era valiente, se veía en sus ojos su alma de luchador, no se iba a rendir, el suicidio es de cobardes, siempre lo dije, y el no iba a escapar de sus miedos, iba a enfrentarlos. El problema siempre fue el donde empezar para continuar, cosa que nunca pude saber, mi vida se basa en ocurrencias que saco provecho, no emprendo proyectos, soy una persona vaga, carente de astucia para las cosas.
Me encontraba ante una situación quizás muy común para mi, la gente no espera a su muerte, aquel que dice ello esta mintiendo, siendo deshonesto con la vida que le toco, la gente realmente espera algo que le de viveza y esperanzas para continuar en lo que le queda de trayecto. El trayecto puede ser largo, pero jamas fácil de construir, nunca me entendieron cuando les explicaba a mis amigos y familiares sobre esto, ni mi propio hija. Esta persona en cambio, gritaba, esperaba alguna respuesta, la cual nunca iba a llegar. Las respuestas no llegan, debes ir por ellas, a mi nunca me llegaron, y viví toda una vida acumulándolas, y respondiendomelas para mi mismo en el tiempo infinito que hoy me toca vivir al ser expectante de sucesos como este.
Hoy era el día de responder una nueva pregunta, ¿valía la pena seguir luchando cuando no se tiene a nada, ni a nadie?, ¿por qué esta persona seguía en pie?, ¿piensa que va a cambiar en algo su vida de mortal?. Me reí. Lógico el no me ve porque yo ya estoy muerto, y su vida es mi recado, lo arruino todo diría cualquiera, lo cierto es no importa la situación en la que te encuentras al morir, todos morimos vacíos por dentro, somos un conjunto de emociones que recolectamos de otros, y los otros de otros más y así consecutivamente. Morimos desconfiando si en verdad alguien nos quiso, o si a alguien le importamos. Al humano solo le importa su bienestar, nunca le importo el otro, hasta el más honesto hombre que ha ayudado a mas de una persona, sabe que haciendo esto incrementa algo de sí, por derrota del otro.
El hombre yacía en silencio, de sus ojos se acumulaban mares de lagrimas, cargadas de angustia, hasta caer en el frío suelo, su respiración era rápida, estaba agitado, pude notarlo al ver desaparecer y aparecer de sus labios el ártico vapor helado. El cielo comenzaba a nublarse aún más, y la noche no era muy bella como para ayudar a aquel en busca de respuestas. La única luz provenía de la blanca y luminosa luna, allá arriba estaba, observándonos, ella nos juzgaba tan simple como parece. Los primeros truenos comenzaban a oírse, cada uno de ellos aniquilaba el alma de este humano, que se encontraba de rodillas al asfalto; del otro lado de la calle, sobre la otra vereda se distinguía una figura, era una niña, pequeña y frágil. La lluvia comenzaba a caer.
Los ojos de la pequeña estaban cerrados, no miraban al pobre hombre, solo se encontraba parada ahí. Me rió de pensar que los mortales no pueden ver estos fantasmas, no se dan cuenta que son el peor o el mejor error que cometieron en su vida, parte de la razón por la que uno se encuentra de una determinada manera, las malas vibras existen enserio, se acumulan, se atan a uno con imperceptibles hilos que conectan un alma con su fantasma. La niña murmuraba en voz baja palabras inentendibles, lo cierto es, nadie nunca las entendería el rencor de los espectros es tan profundo que nunca serán posibles de ser analizados.
El hombre se paro, yo observe con atención., ¿qué haría ahora?, de pronto, retiro un arma de su parte trasera y se apunto directo a su cabeza. Me sobresalte, ¿iba realmente suicidarse? tantas oportunidades nos da la vida y ni siquiera nos esforzamos en comprender o predecir acciones, ¿tan poco nos queremos? Evidentemente... sí.
Se disparó, no me preocupe, a nadie le importaría, quizás el ruido del disparo despierte alguna persona, pero nadie quiere enrroscarse en embrollos que no son de su importancia. Alli yacía lo que fue, el hombre en su máxima desesperación, sin salida alternativa. Siempre aliento a que son valientes y fuertes, que no optaran por el camino fácil, pero lo cierto es que apenas poseen la posibilidad de hacerlo, lo hacen. Siempre tienen miedo, pero el que realmente sufre y marchita sus pétalos, es aquel lo suficientemente valiente de arrebatarse la vida al menos. Lo se porque viví en carne propia algo similar.
Seguí mi camino, estoy atado a presenciar mi mismo error, el cual no pude solucionar, una y otra vez. Minuto tras minuto, gente muere como yo, y yo ya tuve mi oportunidad. Las oportunidades son únicas, la vida una, y el sufrimiento eterno. Soy ni mas ni menos, otro peregrino de desesperación.
¡Ángeles yo ya no puedo partir! me ata un fuego y mi sueño duerme aquí, en la nada.
Por un cambio que nos haga grandes, que nos lleve a lo eterno.
Elsart
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