Verás, hoy pasó por mi casa una lluvia de sentimientos que me empapó de pies a cabeza. Entonces, me quité la ropa y la coloqué en una silla junto al fuego, y en un pequeño sillón me senté desnuda a esperar. Aunque todo se secó demasiado rápido, algo en mi permanecía mojado y no era mi alma. Me revisé buscando entre los dedos suaves de mis pies, en los pequeñísimos huecos de mis hombros redondos, pero no hallé nada. Dentro de mí, el corazón parecía palpitar al ritmo de una canción triste, una canción para la noche de un domingo. Y entonces, me lo quité, lo sostuve entre mis manos y lo sacudí, lo estrujé, lo revolee por los aires, hasta pensé en quemarlo, literalmente, echarlo al fuego y que arda. Pero nada dio caso, pues recordé el peso que llevaba dentro, así que lo abrí y comencé por quitarle los recuerdos mas tontos y torpes, las sensaciones de vértigo por las noches, y las viejas novelas de amor que nunca sucederían, pero en las paredes de aquel pequeño instrumento, los sentimientos y las emociones se desteñían unas sobre otras y no podía distinguir cuál era cuál. La amargura parecía descolorarse sobre la felicidad, o quizá era al revés. La arrogancia manchaba profundamente a la humildad, eso esa claro.
Pero por más que me haya llevado tiempo pude sacar aquellas emociones y sentimientos que no me hacían falta y machucaban a mi corazón. Entonces vi lo que menos me hubiese imaginado, lo que semanas atrás dejé junto a la orilla del mar y un envoltorio de comida chatarra, estabas tú, bueno, no "tú" literalmente, estaba aquél sentimiento que se escondió en la profundidad y en la oscuridad, inundándome la mente de viejos recuerdos que parecían haber pasado ayer, estaba el sentimiento que llevaba tu nombre, lo que en dos semanas me hiciste sentir.
Blackstorm
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